Pico Tempestades (3.289 m) y Margalida (3.251 m) desde el Refugio de Pescadores

Pico Tempestades (3.289 m) y Margalida (3.251 m) por Vallibierna


Dentro de la corte del monarca del Pirineo, el Aneto, cada uno de los cortesanos tiene sus características y peculiaridades. Algunos tienen grandes (cada vez menos) glaciares a sus pies, otros tienen platós en altura y llanuras a más de 3000 metros, algunos son afilados y otros son más llanos. Dos de estos cortesanos, el Tempestades (3.289 m) y el Margalida (3.251 m) son brutalmente abruptos en su cara septentrional, con un terrorífico paredón negro que impresiona a cualquiera que lo ve desde el norte. 

Además, estos dos picos son inmediatamente contiguos a dos de los accidentes geográficos más notables no solo del macizo sino también, me atrevería a decir, de la cordillera pirenaica, que son la profunda Brecha de Tempestades y la afilada cresta de Salenques-Margalida, delicia y sueño de muchos escaladores y alpinistas. Sin embargo, estos dos picos ofrecen una cara sur más o menos sencilla de transitar, puesto que es una interminable y empinada pala sin ningún tipo de obstáculo reseñable que ofrece un acceso fácil al Tempestades y uno de dificultad media al Margalida. En esta reseña detallo la ascensión realizada primero al pico Tempestades y de éste por la cresta al pico Margalida desde el refugio de Pescadores, en el valle de Vallibierna.

Ficha técnica

Longitud: 12,5 km

Desnivel: 1.370 m

Dificultad técnica: I para el Pico de Tempestades, III para el Pico Margalida por su cresta

Altura mínima: 1.950 m

Altura máxima: 3.289 m

Track en Wikiloc

Mapa de la ruta realizada tomada del visor Iberpix

Acceso

Para llegar al refugio de Pescadores se tiene que llegar previamente a Benasque. De este pueblo se tiene que llegar al Plan de Senarta, donde hay un camping, desde el cual sale una pista en estado regular (depende de la temporada) que después de 10-11 km llega al refugio de Pescadores. Esta pista está cerrada al tráfico en verano, cuando un bus permite acceder a este valle previo pago de 20 euros ida y vuelta. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.

Descripción

Después de pasar la noche del loro en nuestra tienda por el frío de finales de setiembre, nos disponemos a salir rápido para entrar en calor. Vemos como salen hacia el monte cantidades ingentes de montañeros que han aprovechado, igual que nosotros, uno de los pocos fines de semana del año en los que la pista de Vallibierna está practicable y se permite el paso de vehículos (ahorrándote la salvajada de los 20 euros del bus para ir a Vallibierna que hace que muchos de los montañeros que quieren ir a esa zona se abstengan durante todo el verano para evitar pagar esta tasa a todas luces abusiva). 

A las 6 de la mañana salimos con bastante oscuridad aún. Nos dirigimos a la pista que sale por detrás del refugio y que, al cabo de un rato de llanear, se bifurca. A la izquierda se iría hacia Coronas, pero nosotros nos dirigimos a la derecha, siguiendo un camino marcado como GR con un indicador que nos dice los tiempos hasta llegar al ibón de Llosás (a donde tenemos que llegar) y el collado de Vallibierna. A partir de aquí, la pista (ya en un estado impracticable y que de repente se convertirá en sendero) empieza a ganar inclinación hasta que, en media hora más o menos, llega a la Pleta de Llosás (2.200 m). Desde este punto, las vistas son de aúpa, con el Vallibierna mostrando su cara más impresionante. No sólo eso, sino que nuestros dos objetivos ya se nos muestran, aún lejanos, protegidos por el muro occidental del Tempestades bajo el cual está el ibón de Llosás, a donde nos dirigimos ahora. 

Desde la Pleta de Llosás vemos el Aneto a un lado, el Russel al otro y, enmedio, nuestros dos objetivos, el Tempestades y el Margalida.

Nos desviamos hacia la izquierda abandonando el GR, que se dirige al collado de Vallibierna, y rodeamos la pleta de Llosás, que está semi-inundada, por su parte izquierda. Una vez rodeada, el sendero nos dirige en fuerte subida en dirección a un colladito situado a la izquierda del barranco de Llosás. A partir del colladito, el sendero pierde ligeramente inclinación pero sigue subiendo hasta llegar al impresionante ibón de Llosás, protegido por una pared lisa, vertical y negra con chorros de agua cayendo desde los heleros provenientes del Aneto y el Tempestades, ya bastante cercanos pero bastante por encima de nuestras cabezas. Después de admirar este paisaje, cruzamos el barranco fácilmente por unas rocas estratégicamente situadas y nos dirigimos a un vallecito angosto que se abre a nuestra derecha. 

Nos desviamos del GR para cruzar la pleta de Llosás y empezar el ascenso en dirección a la cubeta negra del ibón de Llosás, que se ve bajo el contrafuerte sur del Tempestades.

El sendero avanza primero hacia una colladeta y luego por una ladera pedregosa.

Los estratos del Vallibierna y el Culebres.

El sendero primero va por su derecha hasta que lo cruza más arriba y, ya en su vertiente izquierda, va siguiendo la ladera del barranco hasta que en unos 5 minutos el vallecito se abre y nos encontramos por encima del ibonet de Llosás. El sendero, en todo momento excelentemente marcado, se dirige en un primer momento hacia el Russell, que ya tenemos encima para, al cabo de poco rato, desviarse hacia la izquierda (W), en permanente subida. En un momento dado, al alcanzar el final de la inclinada pendiente que nos privaba de las vistas hacia el norte, el paisaje se abre y nos encontramos con el Tempestades y el Margalida al final de una pala pedregosa, parecen cercanos pero dicha pala es más larga de lo que parece. A partir de aquí el sendero desaparece al entrar en terreno rocoso pero hay tantos hitos que es imposible perderse. Además, la subida se puede hacer casi por cualquier sitio puesto que apenas hay obstáculos, con la única precaución de no desviarse muy hacia la derecha puesto que los hitos de esa zona conducen hacia la Gran Diagonal del Russell. La parte inicial de la pala está formado por grandes rocas pulidas de fácil avanzar, pero a medida que se va subiendo, estas rocas lijadas se convierten en pedregal de bloques grandes, y más arriba, ya debajo del diente cimero del Tempestades, en incómodas piedras pequeñas de difícil progreso. Una vez nos encontramos debajo la cúspide, hay dos opciones para hollar la cima. Una de ellas consiste en dirigirse hacia el collado (3.221 m) que separa el Tempestades del Margalida y, una vez allí, seguir la fácil pero impresionante cresta hasta el Tempestades. La otra es subir directamente hacia la cumbre, aprovechándonos de distintas canaletas de roca muy suelta mezclada con grandes bloques pero que no reviste ninguna dificultad aparte de la inestabilidad del terreno. Nosotros seguimos la segunda opción y en poco tiempo nos plantamos en la cumbre. 

Ascendiendo por el inicio de la ancha pala sur.

Al principio es herbosa y de cómodo tránsito.

Pero se torna pedregosa a media pala, primero por cómodas placas graníticas pero, cercanos a la cumbre del Tempestades, con la presencia de grandes bloques de granito por los que debemos ir saltando.

Las vistas son, como no podía ser de otra forma, espléndidas. Tenemos el Aneto a tocar, incluso vemos la gente parada al lado de la cruz, pero nos separa de ella la profunda brecha de Tempestades, que no llegamos a distinguir en su totalidad. Hacia el norte, el final del valle de Benasque se encuentra muchos metros debajo de nosotros, y, más allá, las montañas de la Vall d’Aran se extienden por el horizonte. Pero lo que realmente impresiona es el abismo hacia el norte y, sobretodo, los cuchillos y gendarmes de la cresta de Salenques-Margalida, de las más prestigiosas del Pirineo. Pero también de las más peligrosas, habiéndose cobrado bastantes vidas, una de ellas ese mismo día, por lo que presenciamos todo el operativo de rescate desde las alturas.

El Aneto y su espalda, desde la cumbre del Tempestades.

El Ibón de Barrancs.

El Posets y el Bachimala

Toca dirigirnos a nuestro siguiente objetivo, el pico Margalida, que desde aquí vemos muy cercano pero con un camino que se presume interesante como poco, pues nos separa de él una afilada y aérea cresta. Así pues, nos despedimos de uno de nuestros compañeros, que ya ha tenido suficiente con llegar hasta ahí, y nos dirigimos a toda cresta hacia el Margalida. Primero vamos hacia el collado, con cuidado pero sin ningún problema. Una vez ahí, ya empieza la diversión. La cresta al principio consiste en una sucesión de gendarmes que se pueden rodear bien por la vertiente de Barrancs bien por la de Llosás. Cuando llevamos ya la mitad de la cresta hecha, la cosa se empieza a complicar y los gendarmes se alternan con grandes bloques apilados con precipicios a ambos lados. Con cuidado y alguna peripecia vamos progresando hasta llegar al paso clave de la cresta, una roca blanca de unos 2-3 metros, vertical y lisa. Dicha roca tiene una grieta en su parte derecha que deberemos utilizar para poder superarla.

La afamada cresta de Salenques y el exiguo glaciar de Tempestades.

 
Lo que nos queda hasta el Pico de Margalida, una delicada pero disfrutona cresta.


Una vez superado este obstáculo tenemos el Margalida a tocar, aunque previamente aún tendremos que avanzar por un par de pasos un poco complicados que impresionan aún más con la pared lisa de 300 metros que tenemos a nuestra izquierda. Rodeamos el Margalida hasta situarnos en su cara sur, donde una fácil sucesión de bloques nos colocan en la estrecha cima del Margalida, encima de los abismos de Salenques. Las vistas sobre las paredes norte del Russell y el largo valle de Salenques han mejorado y además hemos ganado perspectiva sobre el Tempestades. Después de descansar un rato nos disponemos a bajar, primero por el mismo sitio y posteriormente nos dirigimos a la cresta que conduce hasta el Russell. Cuando vemos que la cosa se complica, una canal empinada y con piedras muy inestables pero que, sin embargo, parece fácil, se nos abre a la derecha. Además, vemos hitos que nos conducen hacia esa dirección. Así pues, bajamos con cuidado de no resbalar ni de tirar piedras hasta que llegamos a la base de la pared, donde un nevero que se mantiene todo el año nos impide tocar tierra firme, así que lo flanqueamos siguiendo la pared hasta que llegamos a un sitio donde tocamos roca directamente. A partir de ahí, volvemos al centro de la pala y seguimos los hitos para llegar al sendero de nuevo. Una vez allí, desandamos lo recorrido, cansados pero disfrutando las vistas de la mañana pero con luz de tarde, satisfechos de un día muy completo en nuestro bello Pirineo.